Otra Carta desde la Cárcel

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Cuando escuché por primera vez que Jorge había sido detenido, hice un altar en mi casa. Esto me recordó que, aunque yo no estaba allí físicamente, podría haber una pequeña pieza de la costa en mi casa como un signo de la vida y la esperanza que existe en todo el territorio de Colombia. El altar contenía velas, no para la muerte sino por el poder de la vida y de la luz que el movimiento en los Montes de María representa, un mango para representar la alegría, la abundancia y la generosidad de la Costa, una foto de la marcha en Mampuján como un signo de coraje. Hubo también un tapice con las siluetas de la comunidad para representar el poder curativo de la memoria, un libro con imágenes de un sitio de desplazamiento para mostrar el pasado y el deseo de seguir adelante con dignidad, un frasco de perfume para captar el olor de la costa: dulce, floral y exuberante, y una tela de Guatemala como un signo de la lucha global por la justicia.
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Con el tiempo, el altar fue lentamente desmantelado. El mango se dañó. Alguien quería leer el libro, así que lo sacó. Las velas se quemaron. Se hizo más fácil cada día de ir haciendo mi vida diaria y olvidar de que Jorge (y muchos otros) no tienen esa libertad de hacer una rutina diario.

Como seres humanos, tenemos una enorme capacidad de resistencia, lo que incluye la posibilidad de seguir viviendo. Sin embargo, yo no quiero olvidar que este viernes Jorge completará los 6 meses de haber sido encarcelado injustamente. Quiero recordar su coraje y ejemplo, utilizando su última carta como otro tipo de altar de la vida y la memoria, un recuerdo que la esperanza no puede ser encarcelado.
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El escribe:

Tengo que confesarles que en ocasiones en este lugar tan oneroso donde estoy he sentido mucha aflicción, decepción, tristeza, pero sobre todo mucha impotencia al saber que en Colombia se juzgan a los inocentes mientras que los verdaderos delincuentes se pasean por todo el territorio y lo más indignante que el estado les paga para eso; pero al mismo tiempo reflexiono y siento que es necesario seguir luchando y que es un esfuerzo constante y de mucho sacrificio, tanto que toca sacrificar la libertad, la familia, la salud y si fuere necesario la vida. Pero todo no termina allí, toca ser tolerante, sagas, llenarse de paciencia pero sobre todo de todos los valores positivos que nos permitan concluir que la lucha es necesaria. Tomemos como ejemplo al Señor Jesús, quien afronto pruebas, tentaciones, dificultades y la misma muerte por un solo hecho. AMOR A LA HUMANIDAD. San Juan 3:16

Quiero recordarles que mi personalidad no me permite cambiar de manera de pensar, que mis principios son y serán los mismos y lo más importante es que no los presto, no los alquilo y mucho menos los vendo, por lo tanto les mando un parte de tranquilidad por que de aquí saldré fortalecido y con mucha claridad más de la que tenía sobre el estado en que vivimos.

Esta tortura que estoy viviendo la he tomado como unas vacaciones en el infierno pero tengo claro que Dios a cada ser humano le manda lo que puede resistir y me considero un hombre con un poco de resistencia y espero de ustedes solo el suficiente apoyo para que este proceso siga avanzando porque los beneficios son para ustedes, pues como se puedan dar cuanta yo solo he recibido prejuicios pero los enfrento con resistencia y decisión, esperando y confiando que como dijo el cacique de la junta: Después de la tormenta viene la calma. Por eso sé que después de todo este sufrimiento para nosotros vendrá el triunfo.

Los invito a seguir luchando con mucho esmero para que por fin podamos lograr lo que tanto hemos anhelado, el progreso para nuestras comunidades.

Ha llegado la hora de cambiar la historia de nuestros pueblos y para lograrlo se necesita el apoyo decidido de todas las comunidades sin pensar en color ni raza, solo con el objetivo de que nuestros nuevas generaciones no vivan lo que nos a tocado a nosotros.

Quiero dedicar también parte de este escrito a todas aquellas personas que se consideren siendo mis enemigos: pido a Dios que les ayude y que fortalezca a sus familias de una forma generosa y muy grande y que me ayude a perdonarlos de corazón, pues la venganza es de Dios y aunque me han torturado y desintegrado mi familia, no les guardo resentimiento y no los considero mis enemigos porque no esta ni a estado nunca dentro de mis planes hacerle daño a nadie. Pido a Dios aleje de mi el odio, la venganza y el resentimiento y que me dote de sabiduría y tolerancia. En mis oraciones es mi deber pedir primero por los que sienten que son mis enemigos. Y les deseo lo mejor y que mi sufrimiento se convierta en la felicidad de ellos.

A los cristianos les pido sus oraciones por mi y por mis enemigos, para que salga a relucir la verdad como en el pueblo de Israel cuando adoraban al dios Baal. Pidamos a Dios que nos mande señal siempre la justicia prevalecerá y no tengo miedo porque Dios me conoce desde antes de la fundación del mundo.

Un saludo fraternal a todos y un fuerte abrazo.

Mi esperanza es poderme encontrar muy pronto con ustedes.

Atentamente,

Jorge Luis Montes Hernández

Mi fortaleza depende de la fortaleza de ustedes – unidos venceremos!

Para leer la carta completa

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