Una Carta desde la Cárcel Colombiana

Misivas de la cárcel, escrito por San Pablo a Martin Luther King Jr, tienen poder. Cuando las libertades normales de la vida han sido despojadas, todo lo que queda es la convicción y la verdad de un espíritu inquebrantable. Desde su prisión de máxima seguridad, donde pasó el primer mes durmiendo en el piso de cemento, líder comunitario Jorge Montes escribe: ““Perdonar es el valor de los valientes; solamente aquel que es bastante fuerte para perdonar una ofensa, sabe amar.”“El perdón cae como la lluvia suave desde el cielo a la tierra; es dos veces bendito. Bendice al que lo da y al que lo recibe.”

Los líderes de la comunidad, incluyendo a la esposa de Jorge, Miledys, se mantienen firmes en su compromiso con el proceso noviolento, a pesar de las amenazas de muerte. Viven la descripción de Jorge de un líder: “es aquel que es capaz de ser tolerante, aquel que tiene paciencia, el que es abnegado, leal, cariñoso, desinteresado, incansable, solidario, equitativo, sencillo, capaz de entregar todo a cambio de nada, y sobre todo que pueda resistir los ataques del estado “social y democrático de derechos” en que vivimos.”

Desde la cárcel, pide Jorge: “A los amigos cristianos decirles que el mejor regalo que puedo recibir de ustedes son sus oraciones pues la Biblia dice que la oración del justo puede mucho. Yo sigo esperando en que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve, y también me fortalece mucho saber que hay una bienaventuranza para los que sufren injustamente.”

Esta es una verdad paradójica: la más opresión que enfrenten las personas, lo más firme se convierten sus convicciones. Mis amigos no son supero-humanos, pero están representantes de los cientos de miles de millones de personas en todo el mundo que, al enfrentarse a lo impensable, optan por la esperanza. Una vez escribí: “En vista de estas realidades, la tentación es ver al cambio positivo como un milagro cuando ocurre. Pero detrás de cada supuesto milagro está la determinación y trabajo duro de personas ordinarias preocupadas, como todos nosotros, con el future de las comunidades, sus familias, y el país. Son personas de fé, no solamente en las posibilidades para el cambio, pero también una fé más grande, fé en que son personas con derechos y responsabilidades y el deseo de actuar conforme a esta fé.”

Como dice Jorge: “Quiero decirles que estoy sufriendo la peor de las torturas que el estado colombiano me haya podido hacer, pero por amor a mi familia, a mis sobrinos que hoy también son mis hijos, y por el aprecio que siento por mis queridas comunidades, la vivo pensando en que algún día venceré y entonces vendrá la felicidad al lado de todos ustedes.”

Que la fe vivida de estas personas se hunde en nuestras almas y fluya en acción para ellos, para nosotros, para nuestras comunidades y para nuestro mundo. Esta es mi oración, esta es nuestra esperanza.

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